Conciertos didácticos Pedro y el lobo y otros animales, Teatro Leal, abril 2015

‘Pedro y el lobo y otros animales’: cuentos para tocar

La Sinfónica de Tenerife acerca los conciertos para escolares al Teatro Leal de La Laguna

Había una vez, hace unos cuantos años, una señora de nombre Natalia Satz dirigía el Teatro Infantil Central de Moscú. Le entusiasmaba hacer representaciones de teatro, óperas, ballets y conciertos para los niños, pero se lamentaba de que el público infantil se aburría casi siempre con la música que tocaban las orquestas, escrita para los mayores. Convencida de que tenía que haber una manera divertida de conectar a los más pequeños con la interpretación en vivo de una partitura, un día se armó de valor y decidió proponer al compositor Sergei Prokofiev (1891-1953), quien solía acudir con sus hijos a ver las funciones, que concibiera un cuento musical. Y este fue el nacimiento de Pedro y el lobo, la narración sinfónica de referencia e imprescindible en todas las producciones educativas para futuros melómanos.

El ambiente mágico que describe esta obra será el punto de partida de una nueva cita de la Sinfónica de Tenerife con el público iniciado en la música clásica, que podrá disfrutar los días 8, 9 y 10 de abril en el Teatro Leal de La Laguna del espectáculo para escolares Pedro y el lobo y otros animales y que tendrá su interpretación abierta al público general con el Concierto en Familia, el sábado 31, a las 12:00 horas en el mismo escenario. Dirigido en esta ocasión por Paul Opie –oboe solista de la Orquesta Sinfónica de Tenerife desde el año 1986 y que atesora amplia experiencia y formación en la dirección–, con Moisés Évora ejerciendo de narrador, el concierto utilizará de una manera amena y atractiva procedimientos didácticos para mostrar a los niños que “un cuento tiene muchas similitudes con una obra musical”. “Para enseñárnoslas, –nos explica Évora– pedimos ayuda a otro magnífico compositor llamado Joseph Haydn y a su ejército de gallinas y oboes”, en referencia a la Sinfonía número 83, en sol menor, «La gallina», cuyo primer movimiento completará el programa.

Con Pedro y el lobo, cuento musical para niños (opus 67), Prokofiev abrió el camino de futuros cuentos musicales, como El sastrecillo valiente de T. Harsanyi o El elefante Babar de Poulenc. Sin embargo, en el caso del compositor ruso no fue un hecho casual si se tiene en cuenta que acabó la partitura en 1936, después de haber escrito el año anterior Doce piezas para piano para los niños (opus 65) y durante el proceso de creación de sus Tres canos de niños (opus 68). A la proposición de la directora del Teatro Infantil Central de Moscú se unió una clara preocupación pedagógica como músico, que quedó reflejada en el objetivo didáctico de esta narración sinfónica: ayudar a conocer a los jóvenes oyentes los principales instrumentos de la orquesta.

Para ello, decidió que la manera más sencilla y ocurrente de describir la acción de Pedro y el lobo era asociar a los personajes con un instrumento o timbre: Pedro, el héroe, a las cuerdas; el pájaro, a la flauta; el pato, al oboe; el abuelo, al fagot; el pato, al clarinete. Además, todos están musicalmente personalizados por una cualidad de su carácter o comportamiento con un tema o melodía, como el lobo, por ejemplo, que está representado por las trompas que gruñen y amenazan cada vez que aparece. Como afirma Moisés Évora, “la música seguía fielmente lo que el narrador iba contando y retrataba a los distintos personajes con los instrumentos más adecuados (para eso, Prokofiev era ya un magnífico orquestador que conocía a la perfección a los instrumentos musicales) y su cuento musical se convirtió en todo un referente para otros compositores y para futuras composiciones que unían narración con música”.

Prokofiev, que perseguía estructuras melódicas simples cargadas de imaginación y poética, alcanzó un gran éxito con esta composición de enorme calidad musical que se representa en teatros y auditorios de todo el mundo.

Una larga y fructuosa carrera acompañaron al compositor Joseph Haydn, quien hacía gala de una gran nobleza y mucho sentido del humor. Él fue el creador de la sinfonía. De hecho, en casi cuarenta años compuso 106 sinfonías, algunas con nombres muy curiosos como La mañana, El filósofo, Los adioses, Sinfonía Júpiter, El distraído, Mercurio, La caza o La gallina, escrita en 1785 y cuyo primer movimiento Allegro spiritoso será interpretado por la Sinfónica de Tenerife para acercar al público infantil a la experiencia de la música en vivo.

La obra, que forma parte de las conocidas Sinfonías parisienses, toma el sobrenombre del segundo tema de este movimiento, que a ritmo de cacareo repetitivo recuerda a los oyentes los nerviosos movimientos hacia delante y hacia atrás de la cabeza de una gallina cuando camina. Una interpretación que a buen seguro divertirá a los pequeños asistentes al tiempo que descubren los secretos de una orquesta sinfónica.

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