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Integral de Brahms I

El siglo XIX abre un debate fundamental: si la música debía depender de la poesía o no. Aunque Brahms abanderó la “música absoluta”, sin un contenido traducible a palabras, encontramos en estas obras mensajes a Clara Schumann y homenajes a Beethoven. ¡Le gustaba hasta a Sinatra (“Take my love”)!

Soumm

Los maestros cantores

El luminoso Preludio, que dibuja el panorama musical de la inquieta Alemania renacentista, nos adentra en un concierto que poco a poco deja atrás la intimidad y delicadeza buscando el sonido rotundo (¡y bailarín!) del violín. La Sexta es la más desconocida pero más personal del austríaco: ¿la redescubrimos?

Borrani

Triple de Beethoven

Descubrimos al Beethoven treintañero con dos obras que ya suenan a despedida del clasicismo vienés de Mozart y Haydn, un preludio a su enérgica Tercera y radical Quinta sinfonía. Ya se atisba su -quizá- característica principal: la unión entre la luz y la oscuridad, como la vida misma.

Chan

Sibelius

Sibelius abrió al oído europeo los sonidos de otras latitudes: Finlandia. Su heredero musical, Rautavaara, explora con el clarinete el mundo mágico de la naturaleza que nos deja sin aliento, como las auroras boreales. También el Essay está lleno de inquietante magia. ¡Hay vida más allá del Adagio…!

* Primera vez por esta Orquesta

Pogostkina

La Grande de Schubert

Shostakovich pudo sacar su exigente concierto del cajón después de la muerte de Stalin, pues no seguía los criterios de “sencillez” y “proximidad al pueblo” que requería la censura. A esta obra crítica y trepidante le sigue el trabajo más ambicioso de Schubert, que quiso medirse con la Novena de Beethoven.

Foto Candelaria

Recuerdos

Concierto de Abono nº 15 Recuerdos

Víctor Pablo Pérez también propone para esta ocasión una velada de contrastes, que comienza con cinco canciones para soprano y orquesta del fallecido y recordado compositor de La Palma Luis Cobiella, orquestadas por el antiguo director de nuestra orquesta y profesor del Conservatorio Armando Alfonso. El plato fuerte viene con la Sinfonía nº 4 del compositor austro-moravo Gustav Mahler. Esta obra, que plantea en cierto modo un punto de inflexión respecto a su producción sinfónica precedente, se caracteriza por su menor envergadura en muchos sentidos, como la extensión, el número de movimientos, la instrumentación, el número de solistas y la renuncia al coro. Pese a la pésima recepción durante su estreno en Múnich, esta obra que orbita bajo la idea de la infancia, es hoy considerada hoy como una de las más equilibradas y redondas de su colosal producción para el género.