Irina Peña Sánchez

Violín II

Natural de Las Palmas de Gran Canaria (1984), es licenciada en la especialidad de Violín por el Conservatorio de Ámsterdam con Alexander Kerr y Peter Brunt. Ha estudiado perfeccionamiento en la Escuela Superior de Música Reina Sofía con Zakhar Bron y ha pertenecido a la EUYO (Joven Orquesta de la Unión Europea), con la que ha realizado extensas giras por Europa.

Desde el año 2008 forma parte de la Orquesta Sinfónica de Tenerife.

Su carrera musical, como en el caso de muchos compañeros de profesión, hunde sus raíces en el ambiente familiar. “Solo tenía siete años cuando mi madre me llevó a solfeo por primera vez, pero recuerdo que en mi casa había una gran colección de discos de vinilo de música clásica… Yo bailaba y dirigía al una orquesta ficticia en el salón con el Concierto para violín de Tchaikovsky”.

A pesar de que el Concierto para violín y orquesta en re mayor del compositor ruso tuvo una presencia destacada en los primeros años de su vida, la relación que la ha unido a este instrumento no fue elección propia. “En aquel tiempo solo conocía tres instrumentos: flauta, violín y piano. El piano era mi favorito, pero en la prueba de acceso al conservatorio me dijeron que tenía mucho oído para el violín, el preferido de mi madre. Y así fue como comencé”. Es significativamente destacable que si bien su trayectoria profesional está ligada al más pequeño y agudo instrumento de cuerda, Irina Peña también toca el piano.

Si bien como artista está formada e interpreta música de diferentes periodos, reconoce que se identifica como la era romántica, “que fue cuando la música empezó a consolidarse cada vez más como la expresión de los sentimientos y emociones a la par que se intentaba huir de lo trivial y cotidiano”.  Ante el desafío de dar nombres de compositores y piezas favoritas, Irina Peña no se arriesga a conceder protagonismo a uno solo: “Me gusta mucho la música del siglo XX, como Shostakovich y Stravinsky –afirma–, pero disfruto mucho interpretando y escuchando a Rachmaninov, Beethoven, Tchaikovsky, Scryabin… No puedo elegir solo a uno porque cada uno me aporta cosas diferentes”.

Profesional del violín por excelencia, el duende crítico surge de sus palabras a la hora de defender el motor que impulsa su trabajo. “La música enriquece la mente y el alma. En un mundo cada vez más modernizado y con tantos avances tecnológicos, es la música la herramienta que nos ayuda a conectarnos con la misma esencia del ser humano, con nuestro yo interior. Sirve de desahogo, de consuelo, de motivación… Es tan poderosa, que sería imposible vivir en paz sin ella”.

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