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Concierto de temporada nº 2

Asier Polo (Bilbao, 1971) es considerado por la prensa especializada como “uno de los ejemplos más brillantes de la nueva generación de músicos españoles” que, a día de hoy, “conserva el temperamento que lo encumbró, tamizado por el tiempo que le ha hecho sabio”. Tras haber tocado tocado ya en muchos de los festivales y salas de conciertos más prestigiosos del mundo, tendrá la oportunidad de lucir su virtuosismo junto a la Sinfónica de Tenerife con las Variaciones sobre un tema rococó, para violonchelo y orquesta (opus 33) de Piotr Ilich Chaikovski (1840-1893), una obra que manifiesta el apego del compositor por el “estilo galante” del siglo XVIII. Tras una introducción orquestal, el chelo presenta el tema, muy clásico, de gracia sencilla, que se desarrolla en ocho variaciones, siendo la primera, segunda, cuarta, sexta y octava en buena parte un despliegue de puro virtuosismo.

La primera parte del concierto se inicia con Antiche Dance ed Arie (Suite III)* de Ottorino Respighi (1879-1936) compuesta en 1928. Entusiasta de la música italiana de los siglos XVI-XVIII, el compositor escribió tres suites para cámara y orquesta basadas en los bailes populares de entretenimiento y masques de la corte. La tercera, una bella y nostálgica ovación del pasado, fue escrita solo para cuerdas.

Rubén Gimeno dirigirá en la segunda parte del programa la Sinfonía número 94, en sol mayor , «La sorpresa», de Joseph Haydn (1732-1809), que se opone por su elegancia y su virtuosismo a la grandeza un poco ruda de la Sinfonía número 93. La Sinfonía «La sorpresa» se convirtió rápidamente en una de las más populares del compositor, especialmente en Viena. Toma su nombre del segundo movimiento, el célebre Andante con variaciones en do mayor.

El concierto concluye con la versión de orquesta de Le tombeau de Couperin, de Maurice Ravel (1875-1937), cuyas cuatro piezas constituyen un homenaje del compositor a toda una tradición, los tombeaux del siglo XVIII, sin embargo, su calor y emoción la convierten en una relevación de todo lo que el pasado puede contener de moderno.

*Primera vez por la orquesta
Nicolas Altstaedt
Cellist
photo: Marco Borggreve
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Concierto de temporada nº 4

El Concierto para violonchelo y orquesta de Dvořák forma parte del grupo de obras inmortales para este instrumento que se pueden encontrar en el repertorio. Una pieza musical que recoge la esencia eslava de la música del compositor y que se apoya en unos temas de una belleza desbordante con un carácter grandioso. Esta obra se contrapone a la alegría que expresa el carácter campesino y popular de la Obertura de la ópera La novia vendida de Smetana.

La segunda parte, dedicada a los autores galos, incluye la elegante Masques et bergamasques. Como siempre en la obra del compositor francés, su música resulta luminosa y tranquila. Parece escrita sin esfuerzo aunque siempre sugiere una concepción relajada y meditada de todo lo que le rodea, sin dejarse llevar por extravagancias ni efectismos inútiles. Concluye el concierto con la poco frecuentada Segunda Sinfonía de Saint-Saëns, escrita cuando sólo tenía 24 años de edad, aunque ya contenía muchos rasgos originales para su época.

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Concierto de temporada nº14

Niño prodigio de libro (tocaba el violín a los 3 años y compuso un octeto a los doce y una obertura para orquesta a los doce), Arriaga se ha convertido en un mito de la composición española. De su ópera en dos actos Los esclavos felices (que contaba con el libreto del dramaturgo Luciano Francisco Comella), solo se conserva la obertura, aunque fue finalizada por el compositor. Escrita a los 13 años, resulta ligera y luminosa. Un primer tema de carácter italiano da paso a un segundo del gusto rossiniano con sus característicos crescendos para conducir hacia una divertida coda. Pese a su carácter eminentemente clásico, la obra ya aventura ciertos aspectos schubertianos en su expresividad.

En un primer golpe de vista, la primorosa pulcritud del manuscrito del Concierto para violonchelo de Wladimir Rosinskij expresa claridad de ideas y minuciosidad en su plasmación. La parte del solo revela una dualidad alternante entre serenidad y lucha; entre sentimiento y mecanicismo. La distribución de efectivos orquestales anuncia un buen equilibrio de los planos sonoros, si bien en una lid perpetua entre las fuerzas que los componen, y una tensión que, aún con altibajos, se mantiene creciente a lo largo de la obra.

En contraposición al tono trágico de la Sinfonía nº 40, Mozart optó por el optimismo y el triunfalismo en la Júpiter, denominada así por Peter Salomon, famoso violinista y empresario alemán residente en Londres. Su estructura en cuatro movimientos es puramente haydniana, con los movimientos extremos rápidos, el segundo lento y el tercero un minueto. Si bien dicha estructura es heredada del más puro clasicismo, musicalmente ya avanzaba la llegada de Beethoven.