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‘Ariadne auf Naxos’, una ópera dentro de la ópera, abre el Festival Internacional de Música de Canarias

09/01/2019

La versión concierto de la obra de Richard Strauss, estará en los escenarios del Auditorio de Tenerife y del Alfredo Kraus de Gran Canaria los días 11 y 12 de enero. Antonio Méndez dirige a la Sinfónica de Tenerife junto a un elenco de diez cantantes, con los roles principales a cargo de Ricarda Merbeth, Brenda Rae y Roberto Saccá

El 35 Festival Internacional de Música de Canarias (FIMC) se abre con el género lírico, una ópera en concierto, y lo hará el jueves, 10 de enero, en el Auditorio de Tenerife Adán Martín, a partir de las 20:00 horas, un concierto que se repetirá el sábado, 12 de enero, a la misma hora, en el Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas de Gran Canaria.  La pieza elegida para la apertura no es otra que la ópera cantada Ariadne auf Naxos, de Richard Strauss,  a cargo de la Sinfónica de Tenerife, bajo la batuta de su director titular, Antonio Méndez, y un elenco de voces donde figuran en los roles principales las sopranos Ricarda Merbeth y Brenda Rae, junto a los tenores Roberto Saccá y los canarios Juan Antonio Sanabria, Anelio Gibrán, Elisandra Melián y Manuel Gómez Ruiz, entre otros.

El concierto inaugural fue presentado hoy en un acto informativo que contó con la intervención del consejero de Turismo, Cultura y Deportes del Gobierno, Isaac Castellano; el director insular de Cultura del Cabildo tinerfeño, José Luis Rivero; el director del certamen, Jorge Perdigón; el director titular de la Sinfónica, Antonio Méndez; y la responsable de Fundación Cepsa en Canarias, Belén Machado, que colabora en el concierto y en las charlas introductorias programadas en el festival.

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Considerada una de las óperas más bellas del repertorio alemán, el concierto ofrece una velada para sumergirse en el mundo que creó Strauss, sátira de la alta sociedad, un acercamiento a la figura renacentista del mecenazgo y también a la ópera en sí misma, a la ruptura de las jerarquías sociales radicalmente contrarias, cuando los estrafalarios personajes de la comedia del arte se mezclan con Las afamadas y deslumbrantes estrellas de la ópera.  Porque Ariadne auf Naxos se convierte en eso, una ópera dentro de la ópera, un caso único con una música impresionante.

Se trata de una producción propia del festival que organiza el Gobierno de Canarias y que cuenta para este concierto con la colaboración de Fundación Cepsa, entidad que contribuye también con las charlas introductorias programadas, a cargo del músico y divulgador Ricardo Ducantenzeiler. El público interesado en conocer previamente más detalles sobre esta producción puede asistir a esta charla una hora antes del concierto (19:00 horas) en los mismos auditorios.

La Sinfónica de Tenerife, fiel siempre a su compromiso con el Festival, tiene la responsabilidad de inaugurar la edición. Por primera vez Antonio Méndez se pondrá al frente de su nueva titularidad en el marco del Festival, y de un espectacular elenco de diez cantantes. Ariadne y Zerbinetta estarán interpretadas por Ricarda Merbeth y Brenda Rae; Bacchus será Roberto Saccá; el tenor Juan Antonio Sanabria será Brighella; el barítono Anelio Gibrán tendrá el rol de Harlekin; el tenor Manuel Gómez Ruiz se meterá en la piel de Scaramuccio; el bajo José Coca será Truffaldino; y las tres ninfas, Dríade, Náyade y Eco serán Mª Luisa Corbacho (mezzo), Elisandra Melián (soprano) y Svetla Krasteva (soprano).

Las entradas se encuentran disponibles en www.festivaldecanarias.com y en las plataformas habituales de los dos auditorios capitalinos.

Sobre ‘Ariadne auf Naxos’

Ariadne auf  Naxos, partitura de Strauss con libreto de Hugo von Hofmannsthal, fue escrita en principio con un solo acto, precedido por la representación de la obra de Molière Le Bourgeois gentilhomme (El burgués gentilhombre), para la que Strauss escribió una música incidental, un divertimento musical. Así fue como se estrenó en la ciudad alemana de Stuttgart, en 1912, y también se representó en otras ciudades.

Ariadna se siente abandonada en Naxos por Teseo, después de haberlo ayudado a salir del laberinto tras matar al Minotauro en Creta. Unas ninfas la observan mientras duerme y lamentan su destino. Ariadna, al darse cuenta del abandono, evoca a Teseo y desea su muerte. Los comediantes, entretanto, intentan sin éxito entretenerla para que no piense en asuntos tan turbios, pero ella se enfada y se va. De repente, las ninfas anuncian la llegada de un barco que trae al dios Baco, quien ha conseguido escapar de Circe. Ariadna lo confunde con la muerte y se dispone a dejarse llevar por tan fatal destino. Luego, piensa que es Teseo, que ha regresado por ella, hasta que Baco muestra su divinidad y se la lleva con él a los cielos.

Lo cierto es que el público se sentía confundido con este juego de enigmas en el que se mezclaba la comedia del arte con el mito clásico de Ariadne, desterrada por Teseo a la isla de Naxos, donde ella se lamenta por su infeliz destino. Y esta reacción terminó por convencer al escritor, quien de esta manera decidió darle forma a un prólogo que explicara todo el juego que después se proponía. Strauss lo hizo a regañadientes y mantuvo, además, largas discusiones con Hofmannsthal, pero finalmente ambos decidieron añadirle ese prólogo y se descartó definitivamente la obra de Molière. Esta nueva versión de Ariadne se estrenó en la capital austriaca, Viena, en 1916, con un éxito inmenso y así es como se ha venido representando hasta la actualidad.

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Los dos creadores vieneses ahondan en la definición de la soledad en los personajes femeninos y también en el destino, algo sobre lo que ya habían sentado cátedra Mozart y Lorenzo da Ponte, otra pareja legendaria y crucial en la historia de la ópera como músico y libretista, en títulos como Las bodas de Fígaro y Così fan tutte.

El director de escena Christof Loy, que realizó este montaje para el Covent Garden, de Londres, señala en relación con el prólogo que «tiene algo de manifiesto filosófico sobre el arte, sobre cómo debe ser hecho y en qué circunstancias, qué influencias utilizan los artistas para según qué cosas. Sin embargo, el único acto que sigue al prólogo tiene que ser otra cosa, habla de cómo crecemos, de cómo nuestros sentimientos y nuestra visión del mundo va cambiando y no lo cuentan con los recursos sarcásticos que utilizan en el prólogo».

Secretos del éxito de esta ópera

Quizás uno de los secretos del éxito de esta ópera descanse en el tratamiento musical, tan sutil, tan moderno y a la vez tan anclado en el clasicismo. «La estructura es completamente clásica, pero es una ópera para virtuosos, para que los músicos disfruten en el foso», aseguraba el tristemente fallecido director de orquesta español Jesús López Cobos. En su opinión, Strauss rompía con esa obsesión wagneriana por la orquesta enorme, que él compartió también para obras como «Electra, la mujer sin sombra» y otros de sus títulos. «Hizo de la música de cámara virtud. Es una demostración de equilibrio maravillosa entre 37 músicos y 17 cantantes», afirmaba el director musical.

Otro de los aciertos fue darle el papel del compositor –un rol masculino- a una mujer, una idea del músico que incorporó al prólogo de la obra. «Strauss creía que la auténtica dimensión sensible del esfuerzo de la creación la daban con la voz las mujeres más que los hombres y dentro de las mujeres, las mezzosopranoss, capaces de expresar la burla, el poder y la tragedia mucho mejor que los tenores por ejemplo», dice Loy.

El experimento llevado a cabo por ese fascinante y fructífero dúo de creadores que formaron Richard Strauss y Hugo von Hofmannsthal propone una revisión fascinante del clasicismo en esta ópera. Lo que resulta sobresaliente de «Ariadne auf Naxos» es una sorprendente frescura, ajena a los tiempos, ese juego propuesto por el dúo de creadores, músico y escritor, para eternizar aún más el clasicismo y reivindicar las huellas de Haydn y Mozart como padres de toda modernidad.

De esta manera, entre la comedia y la sencillez, consiguen ahondar en lo que más les interesaba: la definición del género humano a través de la música y la poesía. Precisamente en un mundo que llegaba desde el siglo XIX cuajado de elevadas y utópicas expectativas, la emancipación de la mujer, de la humanidad, de los trabajadores, una sociedad de la abundancia y del progreso, pero que sucumbió con la Gran Guerra.

Otros conciertos

De esta forma comenzará una ambiciosa programación integrada por 44 conciertos distribuidos en una veintena de escenarios en las ocho Islas Canarias del 10 de enero al 10 de febrero.  El programa incluye grandes orquestas sinfónicas y formaciones de cámara, que interpretarán repertorios que abarcan desde el siglo XV hasta la actualidad, con dos obras de encargo del Festival.

Esta edición del FIMC tendrá también como protagonistas a la pianista María Joao Pires, Filarmónica de Gran Canaria, con la producción del festival del ‘Requiem’ de Verdi; la Filarmónica de Hamburgo dirigida por Kent Nagano y la violinista Veronika Eberle;  la Filarmónica de San Petersburgo dirigida por Temirkanov, con el pianista George Li;  la Orquesta Filarmónica de Cámara Alemana de Bremen, con la dirección de David Afkham , la Orquesta de Cadaqués, con la directora Anu Tali y el pianista Joaquín Achúcarro; Cuarteto Quiroga, prestigiosa pianista Martha Argerich;  London Conchord Ensemble;  Orquesta Barroca de Tenerife;  la Filarmónica de Cámara de Minsk, Quantum Ensemble y Jordi Savall con la Orquesta Hespérion XXI con el concierto de clausura »Las Rutas de la Esclavitud, 1444-1888′ con el que se clausura esta edición.

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