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“La Sinfónica de Tenerife tiene la calidad de sonido apropiada para ‘Aida”

02/03/2015

Massimiliano Stefanelli dirige a la orquesta tinerfeña en el exitoso montaje de Franco Zeffirelli sobre la ópera de Giuseppe Verdi

OST_Ensayo_Aida28El trasiego de tráileres descargando decorados y atrezo perfila la atmósfera que rodea el Auditorio de Tenerife Adán Martín. Es lo que está ocurriendo estos días con el montaje de la la exitosa producción que hizo Franco Zeffirelli de Aida, de Giuseppe Verdi, tercer título que Ópera de Tenerife programa en la temporada 2014-2015, una cita de altura que se representará en Santa Cruz los próximos 3, 5 y 7 de marzo. La orquestación de esta partitura estará dirigida por la batuta de Massimiliano Stefanelli (Italia, 1964) al frente de la Sinfónica de Tenerife, una orquesta en la que ha encontrado “una gran profesionalidad”. “Siento una sensibilidad especial y el fraseo adecuado para este tipo de óperas, tiene la calidad de sonido apropiada”.

La estructura y el tamaño son las características que una orquesta sinfónica comparte con las de de ópera y de ballet, mas en lo que respecta a sus interpretaciones hay diferencias notables. Sin embargo, “la calidad del sonido sinfónico adaptado a la ópera es muy especial porque es otro tipo de sonido”. Sostiene el maestro Stefanelli que la formación tinerfeña aporta un “valor superior”, que es “su sinfonismo”. Particularmente en esta obra: “Aida no es algo sencillo, nunca lo es. Puede ser bastante complicado incluso para muchas orquestas profesionales del mundo acostumbradas a hacer ópera. Sé que esta orquesta no lo está tanto pero lo hace maravillosamente”.

Esta pasión por una interpretación más acorde con el refinamiento musical del compositor italiano la acredita al hablar de la complejidad de su orquestación: “Verdi no fue un entusiasta de la ópera. Estudiaba a Wagner, Berlioz y Beethoven todos los días. Después de Aida, dejó de escribir óperas durante 14 años a causa de las críticas. Él era un compositor sinfónico”. Massimiliano Stefanelli celebra que sus óperas sigan estando entre los títulos más representados del repertorio estándar, pero apela a que se acometa desde el respeto y el criterio, especialmente cuando se trata de obras perteneciente a su etapa madura. “Ciertamente, en Italia tenemos la ópera, lo que en aquella época representaba el objetivo de cualquier compositor o director, pero él se acercó a la ópera de una manera diferente a los demás y esto es lo que lo hace especial: el potencial sinfónico de sus partituras. Esta es la razón por la que estoy tan contento de tocar con la Sinfónica de Tenerife porque por fin puedo escuchar esta calidad de sonido”.

Sin alejarse de la espectacularidad y grandiosidad que el espectador encontrará en este montaje de la Fondazione Arturo Toscanini, el director italiano tiene claro que su papel es tratar de acercarse lo máximo posible a la idea de Giuseppe Verdi (1813-1901), pero siempre con el apoyo de la orquesta y los cantantes. “En cada función tenemos que crear todos juntos un universo, que no siempre es el mismo, para encontrar el punto de encuentro entre todos, lo que resulta en una emoción muy profunda, tanto para nosotros como para el público”.

Si bien Stefanelli descarta que esta obra maestra verdiana tenga fragmentos mejores, sí propone una lectura metafísica de ciertos episodios de la partitura, a su juicio, “muy emocionales”, que están íntimamente relacionados con las dudas que Verdi tuvo con la fe. “Uno muy especial es la gran escena de Amneris cantando sola en el cuarto acto. La razón es que tengo un profundo sentimiento religioso, pero odio el mundo que rodea a mi iglesia. Por ello siento la lucha que ella mantiene con los sacerdotes al descubrir que la han utilizado para lograr sus objetivos. Para mí es muy emotivo escuchar este fraseo que se repite tres veces como la Santísima Trinidad –“tigres sedientos de sangre”– y en él también me reconozco utilizado por mi iglesia por razones políticas”.

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Un hombre muy especial

Massimiliano Stefanelli, que ha cruzado el umbral de los 50 años con una gran capacidad de trabajo que lo ha llevado a dirigir en los principales teatros internacionales donde ha sido invitado, conserva su relación privilegiada con el director de cine, escenógrafo y productor Franco Zeffirelli (seudónimo de Gianfranco Corsi, Florencia, 1923) que inició en el año 2000 con motivo de la colaboración que mantuvieron en la famosa representación de Aida con la que se iniciaron en enero de 2001 en Busseto, pueblo natal de Verdi, las celebraciones por el centenario de la muerte del compositor. “Así empezó el sueño. Es muy apasionante verle trabajar porque lo hace todo él mismo”.

“Lo que realmente me apasionó fue que inmediatamente me hizo parte del mismo proyecto. Empezó entonces a pedirme sugerencias y cuando no tenía ideas, me impulsaba a darle algo con lo que trabajar porque consideraba que lo primero era la música y luego su trabajo, que estaría basado en ella –comenta el maestro italiano–. Esto fue muy emocionante para mí porque enseguida fui proyectado a otra forma de trabajar, en otro nivel, lo que fue muy motivador. Zeffirelli fue muy respetuoso con mi trabajo. Es la única persona capaz de transformar un problema en oportunidad, lo que lo hace especial”.

El resultado de esta participación conjunta es el exitoso montaje que se representa en Ópera de Tenerife, que si bien conserva la escenografía, los trajes y la coreografía de la producción original, no será igual a la que se representó en el minúsculo Teatro Giuseppe Verdi de Busseto sino la versión colosal que se trasladó posteriormente al Bolshoi de Moscú.

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Crear momentos culturales

“La ópera no es espectáculo, es un momento cultural”, nos explica el maestro italiano al final del primer ensayo con la Sinfónica de Tenerife. Añora una ópera más estructurada en su naturaleza cultural y menos exhibicionista. Le duele que la dictadura de la imagen ha evitado que la audiencia “tenga algo en lo que pensar al final de la función”. Pero hace autocrítica: “La culpa es nuestra porque nosotros hemos aceptado ser parte del espectáculo”. La razón, en su opinión, es que “no es barata, es muy cara”. “Sé que no es cortés, pero necesitamos mucho dinero porque los que trabajamos en cultura somos importantes para el mundo, mucho más que los empresarios. El ser humano merece ser un individuo pensante; si no construyes reflexión, no eres nada”.

“Momentos culturales” son lo que va a proporcionar al público tinerfeño. Massimiliano Stefanelli emprende su primera visita a Tenerife, donde el Auditorio le parece “un templo de ópera, de arquitectura”, cuya localización “es algo fantástico”. Su entusiasmo con esta visita tiene el valor añadido de que ha encontrado en los profesionales de la Orquesta Sinfónica de Tenerife, “donde hay maravillosos seres humanos detrás de cada instrumento”, a los cómplices para lograr “magia” en las funciones programadas de Aida. “El director está siempre solo en todas partes, pero en este caso me siento realmente parte del grupo, lo que es muy importante para mí. Me siento muy cómodo porque puedo ser libremente el director que soy gracias a que siento que ellos están conmigo”.

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