Concierto de temporada nº 12

FOTO ANDRADA DE LA CALLErecortada

Director: Michal Nesterowicz

Solista: Clara Andrada. Flauta

Obras:

  • Genoveva, obertura (opus 81)* de R. Schumann.
  • Concierto para flauta y orquesta (1926) de C. Nielsen.
  • Sinfonía número 4, en mi menor (opus 98) de J. Brahms.

Considerada una de las más bellas páginas orquestales de Robert Schumann (1810-1856), Genoveva, obertura (opus 81) fue compuesta en abril de 1850, antes de la puesta a punto del libreto definitivo de la ópera en cuatro actos que, paradójicamente, nunca ha logrado un hueco en los escenarios. El compositor romántico confirió a esta obra la forma de un allegro de sonata, de tiempo moderado,  en el que entremezcló con habilidad algunos temas esenciales de la ópera.

Con Clara Andrada de la Calle como solista, la Sinfónica de Tenerife se suma en este programa a la celebración del 150 aniversario del gran compositor danés Carl Nielsen (1861-1935). Y lo hace con el Concierto para flauta y orquesta, escrito en Florencia en el año 1926. Si las sinfonías del compositor escandinavo, uno de los más importantes del siglo XX, llevan un marcado mensaje de violencia y agresividad, sus obras concertantes son más sensatas, “en las que las oposiciones se resuelven siempre en la unanimidad del discurso: la orquesta y el solista llegan a un acuerdo sin reservas”, comenta Tranchefort. El concierto cuenta con dos movimientos –Allegro moderato y Allegretto– en los que el solista se ejercita con soltura e intimismo.

La expresividad de Johannes Brahms (1833-1897) dará pie a Michal Nesterowicz para finalizar con una “sinfonía de otoño”, tal y como a describe Claude Rostand. La Sinfónía número 4, en mi menor (opus 98) fue la última obra orquestal del autor y está considerada como la más clásica de las que escribió, especialmente en lo que respecta al aspecto formal y en cuanto al final, en forma de chacona. No hay que olvidar que Brahms, figura prominente del siglo XIX, fue probablemente el último compositor clásico –la antítesis pasada de moda de Wagner y Liszt– pero cuya naturaleza expresiva y de proporciones gigantesca era en esencia romántica. La Cuarta sinfonía posee un encanto rudo que representa el propio carácter del compositor: un humor a la vez atormentado, fogoso y a veces solitario.

*Primera vez por la orquesta

 

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