Ciclo de cámara de Tenerife

Jesús Cabrera Mendoza

Director: Ángel Camacho Bermúdez

Obras:

  • St. Paul’s Suite, para orquesta de cuerda de G. Holst.
  • Sinfonía Simple (opus 4) de B. Britten.
  • Sinfonía nº 29 en la mayor (K 201) de W. A. Mozart.

Principalmente recordado como el autor de Los Planetas, Gustav Holst (1874-1934) fue un compositor verdaderamente ecléctico pero, por encima de todo, fue un profesor innato que poseía la admirable capacidad de inspirar tanto a niños como a adultos. La Suite de Saint Paul, con la que la formación de cámara Sinfónica de Tenerife inicia este programa, fue escrita para los jóvenes músicos de cuerda de la escuela para chicas en la que el autor británico enseñó música la mayor parte de su vida –también dio clases en el Morley College para adultos–. Esta obra animada en cuatro movimientos (Vivace, Ostinato, Intermezzo: Andante con moto y Finale: Allegro) refleja el estilo expresivo y armónico del compositor, cuya producción encuentra su base en el ritmo.

La Sinfonía simple (opus 4) es una obra modesta compuesta en 1934 por Benjamin Britten (1913-1976) y que alcanzó rápidamente popularidad. Su nombre se debe no solo a su estructura –para orquesta de cuerda en cuatro breves movimientos– sino también a que el autor se basó para crearla en temas tomados de piezas escritas durante su adolescencia, un material que empleó con “una elegancia que otorga toda su seducción a esta sinfonía en miniatura”, según Tranchefort. Cada uno de los movimientos lleva un título alusivo a su contenido, esto es, Boisterous Bourrée: Allegro ritmico; Playful Pizzicato: Presto possibile-Pizzicato sempre; Sentimental Saraband: Poco lento e pesante; y Frolicsome finale: Prestissimo con fuoco.

La formación orquestal de la Sinfónica de Tenerife concluye este concierto con la Sinfonía número 29, en la mayor (K201) de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), una obra para una configuración reducida: cuerda, dos oboes y dos trompas. De factura perfecta, esta pieza cierra una página de la creación mozartiana y constituye la transición a su época de madurez. Si bien cuatro meses más tarde de su creación todavía escribió una sinfonía más, le siguió un silencio de cuatro años en este campo aún sin resolver. Consta de cuatro movimientos (Allegro moderato, Andante, Menuetto y Allegro con spirito), el primero y el segundo poseen la delicadeza de sus obras de cámara, mientras que el tercero es un minué, un contraste de ternura y pasión y el cuarto es un final dramático de compleja elaboración: acaba con una escala ascendente de los violines acentuada por los acordes.

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